Tuvieron que amputarle su pierna por usar tampones


Tori Telfer cuenta la historia de Lauren Wasser una hermosa mujer que sentía que a los 24 años tenía su vida resuelta modelando

“Todo se basaba en la apariencia”, contó Lauren. “Era esa clase de chica y ni siquiera me esforzaba”.

Sin embargo el 3 de octubre de 2012 su vida cambió por completo.
Wasser estaba menstruando y se sentía mal. Creyó que tenía una gripe y fue a la farmacia a comprar medicamentos y una caja de los tampones que usaba habitualmente desde los 13 años.
Lauren  cambió de tampón tres veces, una en la mañana, otra en la tarde y otra en la noche como suele ser lo habitual. Esa noche salió con su amiga pero tuvo que volverse a su casa porque se sentía realmente mal.

Lo que recuerda es que se despertó con su perro ladrando sobre su pecho, mientras la policía le tocaba la puerta. Su madre estaba preocupada porque no atendía el teléfono.

“Como no había sacado a mi perro, había orina y heces por todos lados”, relató Lauren.

El policía analizó la situación, le dijo que llamara a su madre y se fue.  Al día siguiente, su madre envió de nuevo a un amigo que junto con la policía  la encontraron tirada boca abajo en el piso del baño.

Tuvieron que amputarle su pierna por usar tampones

La llevaron de inmediato al hospital St. John con una fiebre de más de 40 ºC. Sus órganos internos estaban dejando de funcionar y había tenido un grave ataque al corazón, pero no sabían cuál era la causa de su estado. Hasta que llegó  un especialista en enfermedades infecciosas y preguntó: “¿Trae tampón?”.

El Síndrome de Shock Tóxico (SST)

SST es un término médico que fue utilizado por primera vez en 1978. Se trata de una infección por la bacteria llamada estafilococo (o Staphylococcus aureus). No es una enfermedad exclusiva de las mujeres pero está fuertemente ligado al uso del tampón, en especial por el gran número de muertes por TSS durante la década de los 80.

Para que se desarrolle el SST no sólo basta con el tampón, también es necesario que la persona tenga estafilococo. Cerca del 20% de la población es portador de la bacteria, muchos sin siquiera saberlo. 

El problema es que los tampones son cada vez “menos naturales” y contienen más plástico y fibras sintéticas creando un ambiente ideal para las bacterias que causan la infección.

En el hospital, los doctores le dijeron a la madre de Lauren  que sus posibilidades de sobrevivir eran escasas.  Cuando despertó en terapia la joven vio cómo  una sonda que bombeaba 36 litros de fluidos a su cuerpo.

“Mi abdomen era enorme. Tenía tubos por todos lados. No podía hablar”, dijo. Junto a su cama había un tubo de toxinas negras que extrajeron de su torrente sanguíneo.

Además de la confusión, tenía una sensación constante de ardor en las manos y los pies. La infección se había convertido en gangrena.

“Es el dolor más fuerte que he sentido, ni siquiera sé cómo describirlo”, contó.

Hunter J. Shkolnik, el abogado de Lauren,  dijo:

“El tampón no ha cambiado desde la primera epidemia de SST. Lo único que hicieron fue poner una advertencia en la etiqueta que dice ‘ah y te puede dar un shock tóxico’. El material sigue siendo el mismo desde hace décadas”.

Desde la década de los 80 es obligatorio que las cajas de tampones tengan impresa una etiqueta de advertencia pero Shkolnik dice que no suelen ser lo suficientemente claras.

Lauren tuvo que enfrentarse a una decisión difícil…

“Mis dos piernas se estaban empezando a momificar”, explicó. “Tenía que actuar rápido”.

El talón y los dedos de su pie izquierdo estaban muy dañados y los doctores planeaban amputarle esa pierna también pero Lauren se negó.

“Vi que había una probabilidad de 50/50”, dijo. “Se necesitaron dos injertos de prepucio de bebé y gracias a Dios, fueron lo único que pudo salvar mi pie. Ya no tengo dedos en el pie y mi talón por fin sanó pero es súper sensible y no tengo grasa corporal en esa parte para protegerlo”.

La diputada de Nueva York , Carolyn Maloney está tratando de aprobar la Ley Robin Danielson, que lleva el nombre de la mujer que murió de SST en 1998. Y así establecer  un programa de investigación sobre el riesgo por la presencia de la dioxina, de fibras sintéticas, fragancias químicas y otros componentes en los productos de higiene femenina.

Ya van nueve veces que bloquean el debate antes de que entre a votación aún cuando lo que Lauren, sus abogados, y Maloney buscan es transparencia;  no la prohibición de los tampones.

Fuente: www.diarioregistrado.com

 

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