Ram: Joven Buda Nepalí que Lleva Ocho Meses Sin Comer ni Beber


Ram tiene 16 años y miles de budistas peregrinan para contemplarle.

  • Lleva ocho meses inmóvil junto a un tronco.
  • La única señal de que sigue vivo: le crecen las uñas y el pelo

Recostado exánime sobre el tronco, lejos de esa imagen de firmeza, centramiento y serenidad que suele transmitir la postura meditativa, el joven parece un cadáver andrajoso, un muñeco abandonado, sucio y gris. El pelo le cubre media cara, tapándole los ojos; las manos reposaban flácidamente sobre el regazo y, de no haber sido por el magnífico tronco que le sujeta, creo que su cuerpo hace tiempo que habría rodado por el suelo. Nadie diría, al verle, que está dormido, tal es el grado de laxitud de sus músculos, sino más bien hibernado.

Los devotos y curiosos acuden en masa, la gente da donativos, el lugar vive una explosión económica, pero a nadie parece preocuparle el hecho de que un joven esté bordeando límites desconocidos de la resistencia humana y poniendo en riesgo su propia vida por realizar una cuestionable hazaña espiritual.

Para mayor enredo, la madre de Ram, se llama como la de Gautama Buda, Maya Devi, y algunos ya quieren ver aquí un signo insoslayable de que el destino está jugando sus cartas. A la buena mujer, una campesina que ha traído al mundo nueve hijos, le dio un desmayo cuando se enteró de que su tercer varón, Ram, había escapado al bosque y pensaba pasarse seis años meditando bajo un árbol. Le rogó que volviera a casa. «Si no dejáis de molestarme, me quedaré 20 años, en lugar de seis», fue su seca respuesta. Ahora, la familia se sienten orgullosos del protagonismo adquirido por el muchacho. Como lo están todos los comerciantes de la comarca que nunca tuvieron mejor negocio.

PICADURAS DE SERPIENTE

 

Mientras, a Ram, el pelo y las uñas le siguen creciendo. Ha dado otras señales de vida. Su primo Prem Lama, un año mayor, que le cuida desde el primer momento, contó que el séptimo día, harto de que la gente acudiera a tocarle y pellizcarle, se levantó y se perdió en la espesura. Regresó al día siguiente, eligió para sentarse un árbol contiguo al anterior y trazó un amplio círculo alrededor, lo que fue interpretado como que no quería que nadie se le acercara.

65 días más tarde, el Buda Ram, accedió a mudarse de ropa e intercambió por primera vez unas palabras con su primo. No volvió a romper su silencio ni a dar señales de vida hasta pasados cuatro meses.Dijo que había sufrido dos picaduras de serpiente sin consecuencias y que quería que se organizara allí la celebración de un gran festival religioso.

Por lo cual la gente del pueblo, decidió organizarse. Se nombró una comisión de 18 miembros. Se vallaron los accesos, se alambró el círculo protector trazado por el lama, de unos 25 metros de radio, se levantó otra cerca paralela, varios metros más atrás, que nadie podría traspasar, y se adornó todo con banderitas de colores. Los peregrinos accederían de cinco en cinco y dispondrían de apenas 20 segundos.

Un monje local, Sanu Kancha Lama, pasó a coordinar los aspectos espirituales con el lamasterio de Lumini, ciudad natal de Buda, que a su vez nombró una comisión de 11 monjes para supervisar todo.

En el budismo no es infrecuente que un renunciante se retire a una cueva a meditar, desnudo y casi sin comida, hasta que alguien le recoge y le atiende en su recuperación. Pero en Oriente hay que andarse con cautela: la leyenda ronda la historia y nunca se sabe donde acaba la una y empieza la otra.

NI FRIO NI CALOR

 

De ser cierto lo que relatan los grandes meditadores budistas e hindúes, llega un momento en que la consciencia desborda los límites del cuerpo y se hace infinita. El meditador no siente el calor ni el frío ni el hambre ni el tiempo. Se encuentra en un estado de bienestar y conocimiento inefables que no desea abandonar. Cuando vuelve a la vida es un ser iluminado.

Pero en la práctica no se tiene registro alguno que verifique estos hechos. Ni siquiera creo que la ciencia pueda hacerlo, más allá de medir la frecuencia de las ondas cerebrales o las constantes vitales. Quizá por eso, la increíble hazaña del pequeño Buda plantea un apasionante reto a los científicos. No se trata ya sólo de saber si una persona puede vivir tanto tiempo sin comer o beber. En condiciones normales sabemos que no, pero, ¿y si se pudiera reducir al mínimo el consumo de energía, como algunos animales en hibernación?, ¿no podría inducir la meditación estados semejantes al sueño profundo o al coma?

En Nepal nadie duda de que hay un nuevo iluminado. Entre los reticentes se encuentran aquellos que querrían tener evidencias científicas que explicaran el fenómeno. Difícil, porque la organización que controla todo en su entorno no permite que nadie se le acerque ni le toque.

Cada día que pasa, el mito crece… Una historia realmente impresionante

 

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